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Apollon,
Abril 1999
Liz Greene tiene el don de escribir acerca
de las áreas más complejas y oscuras de la vida con una brillante
y cáustica claridad, y una apreciación comprensiva de que siempre
hay dos caras de una misma historia. En este artículo, explora uno
de los patrones de la conducta humana más espinosos, aquellas relaciones
en las que hay tres caras.
Las relaciones
triangulares son una dimensión arquetípica de la vida humana. De
una forma u otras, nunca escapamos de ellas. De hecho tendemos a
manejarlas bastante mal cuando aparecen en nuestras vidas. Esto
es comprensible, porque los triángulos normalmente evocan emociones
muy dolorosas, sin importar en qué lugar del triángulo nos encontremos.
Tendremos que hacer frente a sentimientos como los celos, la humillación
y la traición. O tendremos que vivir con la sensación de ser traidores
o deshonestos, o de estar haciendo daño a alguien.
Podremos sentir todos estos sentimientos a la vez además de tener
la convicción de ser un fracaso. Las emociones implicadas en relaciones
triangulares son a menudo terriblemente angustiosas y afectan a
la autoestima. Porque los triángulos nos enfrentan a emociones muy
difíciles, y a menudo nos encontraremos intentando culpar a alguien
de la presencia de un triángulo en nuestras vidas. Bien nos culpamos
a nosotros mismos o bien culpamos a una de las otras dos personas.
Pero los triángulos son en efecto arquetípicos y, si tenemos alguna
duda sobre su universalidad, sólo tenemos que leer la literatura
de los últimos tres mil años. Todo lo arquetípico nos regala un
mundo de pautas con un sentido y un inteligente desarrollo interno.
Hay algo en la experiencia del triángulo que puede convertirse en
uno de nuestros más poderosos medios de transformación y crecimiento,
a pesar de lo desagradable y doloroso que es. La traición, sin importar
si uno es el traidor o el traicionado, nos produce algo que potencialmente
puede ser de enorme valor.
Nada acontece en
nuestras vidas si no está conectado de alguna forma con nuestro
viaje individual. Esto no implica culpa o causalidad, pero sí un
profundo significado que puede ser transformador para todo individuo
dispuesto a buscar ese significado. Cuando un triángulo acontece
en la vida de uno, es por algo. Si elegimos reaccionar únicamente
con rabia y amargura, es nuestra elección.
Pero también podríamos
elegir hacer del triángulo un trampolín para una auténtica búsqueda
psíquica. Este es particularmente difícil porque la experiencia
de humillación revive normalmente todos los mecanismos de defensa
de la infancia, y es muy difícil moverse desde esas respuestas primarias
a una perspectiva más neutral. Como astrólogos, podemos pensar que
bien vale la pena explorar si hay alguna pauta en la carta que pueda
predisponernos al triángulo, o si hay razones profundas por las
que un individuo se ve involucrado en un triángulo, por iniciativa
propia o por elección de otra persona; y porqué algunas personas
son más propensas a los triángulos que otras. También podríamos
considerar los posibles acercamientos que puedan ayudarnos a trabajar
con triángulos de una forma más creativa, lo cual requerirá observarlos
de un modo psicológico y simbólico.
La universalidad de los triángulos
Hay muchos tipos
de triángulos, y no todos implican una relación sexual adulta. Aunque
nos limitásemos a los triángulos sexuales, nos encontraríamos con
diferentes variedades. Los triángulos sexuales no siempre están
hechos del grandioso material dramático de Tristán e Isolda. En
algunos triángulos amorosos adultos, las tres partes son fijos.
Hay una pareja y una tercera persona involucrada con alguien de
la pareja, y no hay ningún movimiento en el triángulo. Es estático
y puede durar muchos años, hasta que uno de los tres integrantes
muere. En otros triángulos amorosos, una de las partes cambia constantemente.
Un individuo puede practicar adulterio en serie - a veces, como
en el caso de John F. Kennedy, con una increíble índice de cambio.
Pero ambas situaciones son triángulos, aunque tendamos a dar mayor
valor romántico a las primeras; y ambas evocarán el mismo espectro
de emociones arquetípicas.
Además de los triángulos
en los que existe una implicación sexual con cualquier combinación
de los dos sexos, hay otros muchos tipos de triángulos. Los más
importantes son los que implican a padres e hijos. Los triángulos
también pueden involucrar amistades. Más complejos son los triángulos
que implican a compañeros no humanos. Un miembro de la pareja puede
sentirse celoso y traicionado por la dedicación del otro al trabajo,
al compromiso artístico o al desarrollo espiritual. Estos triángulos
pueden provocar exactamente el mismo sentimiento de celos que los
de los de tipo sexual. Cuando uno se adentra en un espacio creativo,
de alguna forma ha "abandonado" a la persona con la que vive, y
esto puede crear unos celos enormes en uno de los miembros de la
pareja. El proceso creativo es un acto de amor, y posiblemente ésta
es la razón por la que tradicionalmente se dice que la casa Cinco
rige a ambos. Si uno ama su propio trabajo, esto puede ocasionar
unos celos tremendos. Hay incluso triángulos que involucran a mascotas.
Esto puede sonar absurdo, pero una persona puede sentirse extremadamente
celosa, herida, confusa y abandonada porque su pareja está profundamente
unida a su gato o perro - aunque uno no desee admitir tales sentimientos
en público. Aparentemente todos estos diferentes tipos de triángulos
no tienen relación entre sí. Lo único que tienen en común es que
están formados por un tipo de amor, que, en un triángulo, deja de
ser exclusivo. Y cuando tenemos que compartir el amor de alguien,
ya sea con otra persona o con algo intangible como la imaginación
o el espíritu, podemos sentirnos traicionados, degradados y desconsolados.

Este pequeño diagrama
es un cuadro simplista de las tres partes del triángulo. De momento
hemos dejado aparte los significadores astrológicos. Algunas personas
experimentan sólo una de las tres partes a lo largo de su vida,
mientras que algunas experimentan las tres.
El traidor es la
persona que aparentemente elige involucrarse en el triángulo. Uso
el término "aparentemente" porque no siempre se puede estar seguro
de cuán consciente es esta elección, así como tampoco se puede estar
seguro de cuánta connivencia existe entre el traidor y el traicionado.
Sea lo que sea lo que esté actuando bajo la superficie, el traidor
es un alma dividida. Hay un amor, atracción o necesidad por dos
cosas diferentes. La mayoría de nosotros da por hecho que el amor
debería ser exclusivo, aunque en un nivel consciente profesemos
una perspectiva más liberal. A causa de los valores de nuestra herencia
Judeocristiana, nos han educada para creer que si nuestro amor no
es exclusivo, no es amor, y entonces ya no somos "buenas" personas.
Hemos fracasado, o bien somos egoístas e insensibles. Por este motivo,
cuando experimentamos esta profunda división interna, es muy difícil
hacerle frente. Es mucho más fácil para el que traiciona sacar una
lista de justificaciones de porqué él o ella está cometiendo un
acto de traición. Normalmente no oímos decir al que traiciona "Estoy
dividido. Estoy partido por la mitad". Lo que solemos oír es: "Mi
pareja me está tratando muy mal. Él/Ella no me da A, B, C y D, y
yo necesito todas esas cosas para ser feliz. Por ese motivo tengo
una excusa para buscar a otra persona".
La siguiente parte
del triángulo es el traicionado, que aparentemente es la víctima
inocente de la incapacidad del traidor para amar de forma exclusiva.
También aquí he utilizado el término "aparentemente" porque, una
vez más, puede haber alguna duda sobre la complicidad inconsciente
que se juega en este rol. Las tres partes del triángulo son secretamente
intercambiables. No son tan diferentes como pueden parecer a primera
vista. Pero el traicionado generalmente cree que él o ella es leal,
y que es la otra persona la que está siendo desleal. Es otra persona
la que ha iniciado el triángulo. Normalmente pensamos que el traicionado
es quien peor lo pasa de los tres, porque es la persona que generalmente
exterioriza todo el dolor, los celos y los sentimientos de humillación.
En último lugar,
como tercera parte del triángulo, está el Instrumento de la Traición.
Es la persona que aparentemente entra en una relación ya existente
entre dos personas y amenaza con destruirla o cambiarla. Esta parte
del triángulo suele tener mala prensa, y se la ve como a un ave
de rapiña, como a alguien que se lleva el don más preciado de alguien.
Si alguna vez ocupamos este lugar, recibiremos muy poca comprensión,
y absolutamente ninguna por parte de aquellos que tienen relaciones
estables y que sienten el viento frío de su posible futuro. De hecho,
el Instrumento de Traición puede sentirse como una victima, y puede
ver al traicionado como al ave de rapiña. Podemos empezar a vislumbrar
la identidad secreta entre estas dos partes del triángulo. Hay personas
que se mueven alrededor del triángulo y experimentan las tres partes
a lo largo de sus vidas, a veces en más de una ocasión. Otras personas
experimentan exclusivamente una de las tres partes y siempre son
traicionadas en sus relaciones, o siempre juegan a ser el que traiciona.
O siempre son Instrumento de Traición involucrándose una y otra
vez con personas ya comprometidas.
También podríamos
agrupar los triángulos en cuatro grupos básicos. Estos pueden coincidir
con configuraciones astrológicas características o, en último término,
estar asociadas a ellas. Está el omnipresente triangulo familiar,
al que está dedicado este artículo fundamentalmente. También hay
triángulos de poder y triángulos defensivos. Estas dos variedades
de triángulos no están realmente separadas, pero sí tienen ligeras
diferencias. Ambas tienen un sabor característico, y las razones
de su aparición en la vida de uno pueden no estar totalmente enraizadas
en el entorno familiar. Un triángulo defensivo sería, por ejemplo,
un hombre o mujer que necesita formar una relación adicional fuera
de su pareja establecida a causa de sus sentimientos de profunda
inadecuación. Estas personas pueden tener una gran inseguridad y
temer que si se comprometen demasiado, y ponen toda la carne en
el asador, se volverán demasiado vulnerables; y entonces el rechazo
sería completamente intolerable. El triángulo se crea entonces como
mecanismo de defensa. Si son abandonadas por una de las dos personas,
siempre les quedará la otra. Esto no suele ser consciente, pero
es un poderoso factor motivador en muchos triángulos.
Existen triángulos
en búsqueda de lo imposible. Éstos pueden coincidir con triángulos
familiar, así como con triángulos defensivos y de poder. Pero hay
un ingrediente especial en la búsqueda de lo imposible, y es que
a menudo la motivación más profunda es artística o espiritual. A
veces, cuando buscamos un amor imposible, tiene poco que ver con
seres humanos. Pero podemos traducir nuestros deseos creativos o
místicos en la persecución de aquello que no podemos tener. En este
sentido nos abrimos a una dimensión de la psique que tiene más que
ver con las fantasías creativa que con las relaciones. La "musa"
del artista rara vez es su mujer o su marido. Este tipo de triángulo
puede incluir elementos pertenecientes a antiguas dinámicas familiares,
y puede incorporar también motivos defensivos; pero necesita ser
entendido desde una perspectiva diferente.
El último grupo,
los triángulos que reflejan una vida psíquica no vivida, engloba
a todos los otros. Cuando profundizamos en los triángulos familiares,
siempre necesitamos preguntarnos porqué queremos estar tan terriblemente
cerca de uno de los padres en particular. ¿Qué significa ese padre
para nosotros? ¿Por qué podemos enfrentarnos a la indiferencia de
uno de nuestros padres y sin embargo necesitamos la fusión absoluta
con el otro? Al final, inevitablemente, encontraremos trozos de
nuestra propia alma labradas en todas las partes del triángulo -
cualquier triángulo, ya esté motivado por dinámicas familiares,
poder, mecanismos de defensa o todo lo mencionado anteriormente.
Hay excepciones, porque siempre hay excepciones a cualquier pauta
psicológica. Pero lo más importante es que, cuando un triángulo
aparece en nuestras vidas, independientemente del lugar en el que
nos coloquemos, hay algún mensaje en él acerca de las dimensiones
de nosotros mismo que no hemos reconocido o vivido. Si una pauta
de triángulo se sigue repitiendo, entonces hay un mensaje muy fuerte,
y necesitaremos escuchar lo que está tratando de decirnos.
El triángulo familiar
Los triángulos
familiares no terminan en la infancia y tienen repercusiones a lo
largo de la vida. Si no se resuelven, entraran secretamente en nuestras
relaciones adultas. Si un triángulo familiar no se sana, podemos
recrearlo, una o varias veces, porque esperamos, a un nivel profundo
e inaccesible, encontrar una forma para sanarlo o resolverlo. Freud
desarrolló la idea del triángulo Edípico, también conocido como
"el romance familiar", en un contexto muy específico. Según su visión,
nos apegamos apasionadamente al padre del sexo opuesto, y entramos
en una situación de rivalidad y competitividad con el padre del
mismo sexo. Dependiendo de cómo se resuelva en la infancia el triángulo
Edípico -y esto incluye tanto las respuestas de los padres como
el temperamento innato del individuo-, nuestras relaciones posteriores
se verán inevitablemente afectadas. Si inequívocamente "ganamos"
y conseguimos el amor exclusivo del padre del sexo opuesto, sufriremos
porque nunca hemos aprendido a separarnos o a compartir. Experimentamos
un tipo de falso poder infantil, porque sentimos que hemos abatido
al rival. Somos todopoderosos, y esto puede abrir la puerta a una
posterior incapacidad para enfrentarse a cualquier clase de desilusión
en una relación. Y, como consecuencia, también se verán afectadas
las relaciones con personas del mismo sexo.
Si, por ejemplo,
un chico ve a su madre y a su padre en conflicto, y "gana" la batalla
Edípica al convertirse en el marido suplente de su madre, puede
experimentar una profunda culpa inconsciente hacia su padre. También,
puede perder respecto por su padre, a quién aparentemente ha apartado
de un empujón con gran facilidad. Entonces la imagen paterna del
chico podría ser la de alguien débil, impotente, y fácilmente vencible;
e interiormente puede temer eso de sí mismo, porque él también pertenece
al sexo masculino. Este chico tendrá que seguir afirmando su victoria
Edípica más tarde a lo largo de su vida convirtiendo a cada amigo
masculino en un rival y relacionándose exclusivamente con mujeres.
Este tipo de hombres no conectan con otros hombres, solamente con
las mujeres que ya están comprometidas con otros hombres. El vínculo
con su madre le habrá costado a este hombre la relación con su padre,
lo que puede significar que no tenga una imagen masculina interna
a la que recurrir, ni una sensación de apoyo por parte de la comunidad
masculina de su entorno. Este sentido de confianza y de identidad
sexual masculina va a depender enteramente de si sus mujeres le
aman -y cuanto más, mejor. Este es un lugar muy inseguro y doloroso
en el que vivir. Podríamos aplicar la misma interpretación en el
caso de una mujer y su padre.
Si perdemos totalmente
la batalla Edípica -y la palabra clave aquí es "totalmente"- también
sufrimos. Una derrota Edípica absoluta constituye una humillación
que puede hacernos perder la confianza en nosotros mismos. Con "absoluta"
quiero decir que el niño siente que no ha conseguido contacto emocional
de ningún tipo con el padre amado, y a esto le sigue un profundo
sentimiento de fracaso. El individuo entonces no puede acercarse
al padre, quien puede ser incapaz de ofrecer una respuesta emocional
positiva a su hijo o hija. O bien puede ser que el otro padre siempre
esté en medio. Más adelante en la vida, tal derrota emocional puede
generar un sentimiento persistente de inadecuación e inferioridad
sexual. Puede contribuir a muchas pautas de relación destructivas
-sin excluir el tipo de triángulo en el que uno está desesperadamente
enamorado de alguien permanentemente comprometido con otra persona.
Uno puede convertirse en el infeliz Instrumento de Traición, siempre
llamando a la puerta cerrada del matrimonio de su amante. O en el
traicionado, repitiendo en vano la derrota Edípica en el papel de
la pareja establecida que es humillada por el gran poder de la madre
o padre rival. Tanto con la inequívoca victoria Edípica como con
la inequívoca derrota Edípica, somos incapaces de establecer una
separación psicológica del padre amado, y una parte de nosotros
nunca supera la infancia realmente. Entonces podemos quedarnos atascados
en dinámicas de relación repetitivas en donde seguimos intentando
"arreglar" mediante un triángulo la dificultad original.
Freud pensaba que
la resolución más sana del conflicto Edípico es una especie de derrota
suave, en la que recibimos suficiente amor por parte del padre amado
pero todavía estamos obligados a admitir que la relación de nuestros
padres es en última instancia irrompible. Entonces podremos aprender
a respectar las relaciones entre otras personas, y construir una
confianza al establecer relaciones más allá del mágico círculo de
los padres. Entramos aquí en el reino de lo que Winnicott llamó
"suficientemente bueno" - un matrimonio de los padres suficientemente
bueno, una relación con ambos padres suficientemente bueno, y suficiente
amor y amabilidad para que la derrota Edípica pueda estar acompañada
de un razonable sentido de seguridad dentro de la familia y un conocimiento
de que uno seguirá siendo amado. También es importante que no temamos
un castigo por parte del padre rival. Desgraciadamente, muchos padres
emocionalmente hambrientos y resentidos en un matrimonio infeliz,
castigan a sus hijos por "robar" el amor de la pareja. Necesitamos
reconocer que no podemos suplantar a un padre para tener al otro,
pero también tenemos que saber que seremos amados por el padre que
hemos intentado derrocar. Naturalmente, esto es un ideal que pocas
familiar pueden lograr. Muchísima gente sufre en mayor o menor grado
una victoria o una derrota Edípica excesiva. Lo que realmente importa
es lo que hagamos con ella, y la consciencia que tengamos de ella.
Y no hay un activador de la consciencia tan potente como un relación
triangular.
Hay un valor considerable
en el modelo psicológico de Freud, y parece haber muchas situaciones
en las que una absoluta derrota o victoria Edípicas están relacionadas
con una tendencia a involucrarse en triángulos posteriormente en
la vida. Pero hay limitaciones importantes en este modelo de "romance
familiar". El padre al que nos atamos no es necesariamente el padre
del sexo opuesto. El padre puede pertenecer al mismo sexo que el
individuo. Los sentimientos Edípicos no son, después de todo, "sexuales"
en el sentido adulto de la palabra, sino que están más
relacionados con una fusión emocional. Al igual que, de hecho, lo
están muchos de nuestros sentimientos aparentemente sexuales cuando
somos adultos; la sexualidad contiene muchos niveles emocionales
que no son siempre conscientes. Una derrota o victoria Edípica que
implique al padre del mismo sexo puede tener repercusiones igualmente
dolorosas y también pueden inclinar a posteriores relaciones triangulares.
Una persona puede sentirse dislocada de su propia sexualidad, porque
el padre amado es un modelo de esa sexualidad y el vínculo es demasiado
débil o negativo para permitir que el modelo sea interiorizado de
una forma positiva. Un hombre puede pasarse la vida intentando ganar
el amor de su padre al demostrar lo hombre que es. Entonces establecerá
triángulos de forma inconsciente, que no tienen que ver con la mujer
con la que se implique, porque la ambición inconsciente es impresionar
a otros hombres -o castigarlos por el rechazo del padre. Y una mujer
puede intentar ganar el amor y la admiración de su madre de la misma
manera, castigando a otras mujeres por el fracaso de su madre a
la hora de amarla. El rival en un triángulo adulto puede ser secretamente
mucho más importante para el individuo que le aparente objeto de
deseo. Basta escuchar la preocupación obsesiva que el traicionado
y el Instrumento de la Traición sienten el uno por el otro para
reconocer que la situación puede ser psicológicamente mucho más
compleja de lo que parece.
Pautas edípicas útiles - Venus
como rasgo distinitivo de los padres
La carta natal
puede decirnos mucho sobre las imágenes que nos hacemos de nuestros
padres, y las experiencias con las que nos encontramos a través
de ellas. Cuando miramos una carta, podemos encontrar algunas pautas
Edípicas útiles. Las peculiaridades de los padres normalmente aparecen
con mucha fuerza, y de tal manera que implican las necesidades sexuales
y emocionales de la persona, al igual que la imagen que uno tiene
de sí mismo como hombre o mujer. Podemos encontrar planetas en la
casa Diez o en la casa Cuatro, que inmediatamente aluden al padre
como portador o representante de algo mítico y arquetípico. El hecho
de no tener planetas en estas casas no significa que no haya conflictos
con los padres, o que no exista una imagen subjetiva que proyectemos
sobre ellos. Pero a menudo es más fácil percibir al padre como otra
persona, otro ser humano, con sus defectos. Cuando hay planetas
en estas casas, los dioses planetarios aparecen con el rostro del
padre, llevando la ropa del padre. Una pieza de nuestro propio destino,
nuestro propio viaje interior, llega a nuestro encuentro a una edad
muy temprana, disfrazado de madre o de padre y transmitido a través
de la herencia familiar. Aunque esto no es "malo" o "negativo",
sí que implica algo poderoso, fascinante y compulsivo acerca de
la relación con los padres que requiere un mayor grado de conciencia
y un mayor esfuerzo de integración.
El hecho de repetir
triángulos en la vida adulta va frecuentemente unido a los planetas
en las casas Cuatro y Diez. A menudo nos encontraremos con Venus
en una de estas casas. Venus describe lo que percibimos como hermoso
y de valor, y, como consecuencia, aquello que amamos, tanto en nosotros
mismos como en los demás. Si un padre aparece en la carta natal
como Venus, ese padre va a ser un símbolo de lo que nosotros reconocemos
como más hermoso, más valioso y merecedor. Esto en sí mismo no es
negativo. Pero puede significar que proyectamos nuestra propia belleza
y valor sobre el padre, y entonces muchas cosas dependerán de cómo
el padre maneja esta proyección. Vemos cualidades y atributos profundamente
adorables y valiosas y nos enamoramos del padre porque estamos enamorados
de esos atributos. Es de esperar que, cuando maduremos, introyectemos
eventualmente estas cosas, y reconozcamos que nos pertenecen a nosotros
tanto como a la madre o al padre. Este proceso puede ayudar a crear
un vínculo amoroso perdurable entre padre e hijo - una valoración
mutua del otro por cualidades que comparten. Pero no todos los padres
están libres de agendas ocultas en lo que se refiere a sus hijos.
Si el padre está demasiado hambriento de amor y admiración, él o
ella trabajará inconscientemente para mantener la proyección y seguir
siendo siempre Venus a los ojos del hijo. Según el mito, Venus no
es famosa por su generosidad emocional. Es una diosa vanidosa que
se involucra constantemente en triángulos amorosos. Si dejamos la
imagen venusiana proyectada sobre el padre, nunca la reconoceremos
en nosotros mismos. Entonces seguiremos buscando padres suplentes
sobre los que colocar esta imagen de todo lo que valioso y deseable
en la vida, y seguiremos encontrando objetos amorosos venusianos
que parecen mucho más merecedores que nosotros mismos. O podemos
intentar reclamar a Venus jugando a ser ella, enfrentando a un amante
contra otro para convencernos de que, a pesar de todo, somos de
valor. Allá dónde Venus esté, amaremos.
La rivalidad es
una de los atributos más característicos de Venus situado en la
casa del padre del propio sexo. Podemos acabar sintiéndonos como
Blancanieves la mayor parte del tiempo. Con Venus en la casa Diez
en la carta de una mujer, habrá una profunda y dolorosa rivalidad
entre madre e hija. Desde el punto de vista de la hija, la padre
puede aparecer como alguien muy celoso, aunque estos celos puedan
ser expresados encubiertamente como una crítica incesante o bien
puedan minar sutilmente la confianza de la hija en su propia feminidad. Desgraciadamente,
la madre celosa o competitiva es a menudo una realidad objetiva.
Pero es el propio Venus en la casa Diez, y el individuo debe reconocer
tarde o temprano estos celos dentro de sí. Cuando Venus es una característica
del padre del mismo sexo, los atributos venusino son compartidos
por padre e hijo. La diosa del amor arquetípica, que debe ser la
más hermosa y mejor amada de todas, es una imagen que ha sido transmitida
a través de la línea familiar. Esta imagen necesita ser expresada
de forma individual y no relegada para siempre a la batalla de quién
ganará el objeto amoroso. En este caso el objeto amoroso no será
tan importante como abatir al rival. La rivalidad y la envidia están
estrechamente unidas, y cuando Venus es una característica del padre
del mismo sexo, podemos ver cualidades hermosas y envidiables en
el padre que nos gustaría que fueran nuestras. Entonces empezamos
a competir para demostrar que nosotros también somos Venus - una
Venus mayor, mejor y más bella.
Los padres pueden
sentir también una sensación de amenaza sexual cuando se ven frente
a un hijo que está creciendo en madurez sexual ante sus ojos. Este
sentimiento de amenaza puede estar basado en una mayor conciencia
sexual. Cuando Venus es un rasgo distintivo de los padres, puede
no ser sentido únicamente por parte del padre, sino que puede ocurrir
en ambos, padre e hijo. Reconocer que esos sentimientos eróticos
puedan ser compartidos entre padre e hijo no constituye una excusa
para el abuso sexual infantil. Ni tampoco implica una relación "anormal".
Pero los niños pueden ser muy seductores, de una manera ingenua.
Están "experimentando" su sexualidad. No quieren ni esperan una
respuesta sexual por parte del adulto, pero necesitan descubrir
su propia identidad física y emocional expresándosela al padre.
Estas cosas son simplemente parte de la vida familiar. No son patológicas;
son humanas, e intrínsecamente saludables. La energía erótica que
es parte del proceso de desarrollo de cualquier persona durante
la infancia va a ser liberada en la familia porque es el lugar apropiado
para que el niño la libere. Además, es natural y conveniente que
el padre responda de una forma positiva - aunque no es conveniente
que esto sea actuado de maneras destructivas. Algunos niños pueden
llevar más cantidad de energía erótica que otros; esto puede depender
de factores tales como el lugar en el que estén situados Venus y
Marte en la carta natal del niño. De la misma manera, algunos padres
pueden ser más susceptibles que otros, y la sinastría entre padre
e hijo puede ayudarnos a encontrar la clave de porqué esto es así.
Una relación entre los padres razonablemente estable, además de
un grado suficiente de consciencia, será importante a la hora de
contener este proceso natural sin caer en un triángulo. Una niña
con Venus en la casa Cuatro puede tratar de separar a los padres
porque el padre es la persona amada con la que comparte sentimientos
placenteros y amorosos. Y si el matrimonio de los padres es inseguro,
y la madre inconscientemente empieza a comportarse de una manera
hostil o competitiva, ¿será su conducta sorprendente?
Lealtades divididas
Incluso en la más
feliz y emocionalmente estable de las familias, uno puede sentir
un amor profundo y al mismo tiempo una intensa rivalidad con el
padre. Podemos encontrarnos, por ejemplo, con Venus en la casa Cuarta
y la Luna en la Diez. Este es el caso de la carta del Príncipe Carlos
de Inglaterra, que nos ha ofrecido uno de los más famosos triángulos
de los últimos tiempos. Con semejantes configuraciones puede ha
ver una fuerte identificación con el rival. El niño puede encontrarse siendo
el traidor y el Instrumento de Traición al mismo tiempo. Esto no
le llevará a sentirse bien consigo mismo, así que probablemente
acabará por reprimir algo. El joven ego simplemente no puede enfrentarse
a tal ambivalencia. Si la persona expresa a Venus en la Cuarta,
con toda su implicación de amor hacia el padre, acabará hiriendo
y traicionando a la madre. Y si la Luna está en la casa Diez, ¿cómo
puede la persona hacer esto a alguien con cuyos sentimientos se
siente tan identificado? Entonces Venus puede ser reprimido, y más
adelante en la vida uno puede acabar en un triángulo sin entender
las antiguas pautas que lo están alimentando. También pueden reprimirse
los sentimientos hacia la madre. Uno puede convertirse en un "destroza
matrimonios", como solían llamarlo en la época en la que todavía
había matrimonios. Un "destroza matrimonios", psicológicamente hablando,
es una persona que invade una relación estable, no sólo por su auténtico
afecto y deseo hacia el objeto amoroso, sino también porque hay
una necesidad compulsiva de adoptar el papel del rival con quién
uno se identifica secretamente - o literalmente convertirse en él.
Es muy difícil
admitir tal conducta en uno mismo. Si acabamos en el papel del Instrumento
de Traición, nos gustará pensar que realmente nos hemos enamorado
de alguien, y el hecho de que ese alguien y tenga una relación estable
es simple mala suerte. Ha cometido un error y se ha casado con la
persona equivocada, o se ha casado en contra de su voluntad porque
había un niño de camino. No importa los razonamientos que nos demos
a nosotros mismos, siempre intentaremos justificar nuestro papel
como Instrumento de Traición devaluando la importancia del vínculo
ya existente. Esto puede resultar a veces extremadamente ingenuo,
y conduce a una desilusión y a un daño importantes cuando se descubre
que la esposa o el esposo "no querido" significa mucho más para
el amado de lo que uno nunca ha sido capaz de reconocer. También
podemos descubrir con horror que empezamos a comportarnos exactamente
igual que el rival repudiado a quien en un principio relegamos al
cubo de la basura de "él/ella sólo está con ella/él por los niños".
Cuando los conflictos de los padres están sin resolver, la necesidad
de derribar a una pareja puede ser terriblemente poderosa - especialmente
si el rival es un amigo íntimo, lo que facilita recrear los sentimientos
del triángulo familiar original.
También podemos
ver cosas en el padre amado que no son tan bonitas. Por ejemplo,
un hombre con Venus en la casa Diez puede tener también una cuadratura
Luna-Plutón o una oposición Luna-Saturno, o Venus en conjunción
con Saturno o Quirón. Estas combinaciones expresan dos imágenes
muy diferentes de la madre, una de las cuales es amada y hermosa,
y la otra es amenazadora e hiriente. Estos dos atributos tienen
a manifestarse posteriormente en la vida como dos personas - el
Traicionado y el Instrumento de Traición. Esto es lo que Jung llamó
un "anima dividida", o el equivalente masculino -un "animus dividido".
Jung estaba bastante preocupado por las dinámicas psicológicas de
esta pauta de comportamiento porque él la sufrió en sus propias
carnes. Aunque sus definiciones son algo rígidas y necesitan una
interpretación mucho más flexible, son útiles en cuanto que nos
ayudan a comprender porqué necesitamos los triángulos, y porqué
las tres partes son secretamente intercambiables. Es posible que
las tres personas sufran la misma dinámica no resuelta con los padres.
La escisión interna parece ser particularmente fuerte y conduce
a triángulos compulsivos cuando opuestos aparentemente irreconciliables
aparecen en el mismo padre amado. Hay padres en los que los opuestos
no son tan terriblemente opuestos, pero hay otros en los que son
muy extremos. Estos padres suelen ser fascinantes y a menudo ejercen
un gran carisma sexual porque son muy insondables. El padre es bello
y amado, pero también dañino, cruel, insensible, devorador o bien
difícil de digerir. Es muy duro para la psique humana aceptar estos
opuestos tan extremos en el mismo paquete, así que uno necesita
dos personas a través de las cuales puede experimentar estos sentimientos
ambivalentes. Una conseguirá ser Venus, y la otra Plutón, Saturno,
Quirón, Marte o Urano.
Las imágenes de
los padres que contienen extremos opuestos pueden facilitar una
propensión a los triángulos en la vida adulta. Nos involucramos
con alguien y con el tiempo esa persona comienza a adoptar la imagen
de una parte del padre. Después de unos pocos años de vivir juntos,
empezamos a decirnos a nosotros mismos y a nuestros amigos "Mi pareja
es tan posesiva, sólo necesito tener un poco de espacio para respirar",
y ahí se sienta Venus en la Décima o en la Cuarta, en cuadratura
con Plutón. O bien uno dice, "Mi pareja es tan restrictiva y tan
convencional, sólo tengo que ser libre para ser yo mismo", y ahí
se sienta Venus en la Diez con la Luna en oposición a Saturno. Sentimos
que nos estamos disfrutando el tipo de relación hermosa, erótica
y divertida que esperábamos encontraríamos en la pareja. Entonces
justificamos al amante que hace el papel de Venus. La escisión se
actúa, pero de hecho refleja dos cualidades opuestas que no han
llegado a buen término en la relación con uno de los padres. Por
supuesto tales escisiones conectadas con los padres están, en el
nivel más profundo, relacionadas con cualidades opuestas que no
han sido resueltas dentro de uno mismo. Todos los triángulos, incluyendo
aquellos que surgen del entorno familiar, están vinculados en última
instancia con nuestra propia vida psíquica no vivida. Si fuéramos
capaces de reconciliar nuestros propios opuestos, podríamos permitir
a nuestros padres ser igualmente contradictorios. No hay nada extraordinario
en un padre que tiene dos caras: la Venusina encantadora y adorable
y la Saturnina, retraída, o también la cara demandante de Plutón.
Los seres humanos tienen muchas facetas, y lo mismo pueden amarnos
que herirnos. Pero podemos encontrar estas contradicciones intolerables
en nuestros padres si ellos no pueden enfrentarse a sus propias
contradicciones. Entonces no recibimos ninguna ayuda para aprender
a integrar nuestras contradicciones. Y algunas de ellas, en términos
astrológicos, son simplemente demasiado extremas para manejarlas
a una edad temprana. Con esto me refiero a configuraciones que vinculan
a Venus o a la Luna con Saturno o Quirón - estas requieren una sabiduría
que sólo pueden hacer posibles el tiempo y la experiencia- o con
los planetas exteriores, que para un niño son bastante imposibles
de integrar a un nivel personal.
Familias divididas - oposiciones entre la
cuarta y la décima
Los triángulos
pueden desarrollarse dentro de la familia mediante la separación
de los padres. A menudo esto se ve retratado en la carta natal mediante
oposiciones entre la Cuarta y la Décima. Tales oposiciones no indican
necesariamente que los padres se hayan separado, pero suele haber
conflicto y separación a un nivel psicológico, si no lo hay a nivel
físico. El individuo experimenta a los padres en oposición, y cuando
esto ocurre normalmente nos vemos forzados a tomar partido. Nuestra
propia incapacidad para enfrentarnos a la situación nos empuja a
hacerlo, u a veces un padre no puede evitar el tratar de provocar
la lealtad del niño como un arma contra el otro padre. En esta situación
lo esencial, como siempre, conlleva una contradicción dentro del
individuo, experimentada primeramente a través de los padres y reflejada
en la carta por planetas en oposición, y que en última instancia
necesitan ser manejadas a un nivel interno. Pero la inconsciencia
por parte de los padres puede hacer que este proceso sea más largo
y más duro. Aunque no estemos sujetos a presión por parte de los
padres, es poco probable que podamos enfrentarnos a lealtades divididas
a una edad tan temprana. Y en tales circunstancias, haría falta
unos padres extremadamente sabios y conscientes, que estuvieran
los suficientemente de acuerdo entre ellos para no someter al niño
a ningún tipo de presión emocional. Normalmente, si los padres son
tan infelices que tienen que separarse, no están de humor para mostrarse
cooperativos. Las separaciones liberan en nosotros emociones primarias,
y estas pueden conllevar un considerable afán de venganza - especialmente
si la separación está provocada por un triángulo.
A menudo el niño
acabe sintiéndose como un balón de fútbol en un partido particularmente
agresivo. Un padre - especialmente si él o ella es el traicionado-
puede intentar reclamar la custodia del niño, sutil o abiertamente,
para herir al traidor. Hay ciertos guiones que parecen leídos por
mucha gente. Por ejemplo: "Tu padre me dejó porque era un bastardo.
Era incapaz de amar. No nos quería a ninguno de nosotros, de otra
forma no se habría ido con esa mujer". El mensaje para un niño de
sexo masculino sería: "Espero que tú no te parezcas a él cuando
crezcas". El mensaje para una niña sería: "Espero que cuando crezcas
no te cases con alguien como él". Estos mensajes no tienen que ser
necesariamente hablados. Pueden comunicarse mediante un martirio
y una miseria continuas. El traicionado, cuando los padres se separen,
tendrá normalmente un gran poder sobre la psique del niño a causa
de la compasión que él o ella provocan en el niño. Los niños no
están equipados para salirse de la lucha y observar objetivamente
la separación. Debe ser la culpa de alguien, bien la propia o bien
la de los padres. YH los niños tampoco se atreven a rechazar esos
mensajes, porque están aterrorizados de enfadar al padre que es
ahora el único que va a cuidarles. En nuestra sociedad, cuando los
padres se separan, la madre normalmente se queda con el niño - aunque
ésta no sea la mejor solución para ese niño en particular desde
el punto de vista psicológico. Hay muchos ejemplos en los que el
padre podría estar emocionalmente mejor equipado para educar al
niño, pero los juzgados no lo ven de esa manera. La madre tiene
que ser excesivamente atroz para que le quiten a su hijo. Si los
padres no están casados, los derechos del padre pueden ser inexistentes
a la hora de que le puedan conceder el derecho de visita. Uno bien
puede cuestionarse si un padre realmente se merece que le arrebaten
a su hijo y le pongan en su contra solamente porque ha traicionado
a su mujer pero los triángulos tienen una manera de general consecuencias
emocionales muy desagradables que continúan a través de las generaciones
y alimentan más triángulos.
Las permutaciones
de la ceguera humana son muchas y variadas, y los padres divorciados
o separados - o incluso aquellos que siguen viviendo juntos pero
están emocionalmente alienados - generalmente exigirán que el niño
elija a uno o a otro. El amor por el otro padre puede ser negado,
reprimido, silenciado. Esto es terriblemente humano. Si nos hiere
alguien, encontraremos difícil de soportar que otra persona a la
que queremos muestre afecto hacia la que nos ha herido. Si hay oposiciones
entre las casas Diez y Cuatro en la carta del niño, la propia división
interna de éste actúa en connivencia con la división de los padres.
He visto muchos ejemplos a lo largo de los años en los que la persona
ha tenido que negar un gran amor que sentía por uno de los padres
en estas circunstancias. La persona puede incluso creerse esta negación.
Cuando nos encontramos a Venus, la Luna, Neptuno, el Sol o Júpiter
en la Cuarta o en la Décima casa, sabemos que hay un vínculo poderosamente
positivo con el padre, aunque la relación haya sido muy difícil.
Si algunos de esto planetas están en la Cuarta, es probable que
describa sentimientos fuertemente positivos e incluso idealizados
hacia el padre. Pero si ha habido una ruptura y el padre se ha ido
- o si hay oposiciones de planetas en la Diez, incluso aunque no
se haya ido- a la persona puede resultarle imposible ser consciente
de esos sentimientos. La
ambivalencia puede ser demasiado dolorosa, y el sentimiento de deslealtad
hacia la madre puede ser demasiado grande para soportarlo. Quizás
el padre se haya ido a causa de otra relación. Quizás se case de
nuevo y tenga más hijos. Entonces el problema se agrava, porque
los propios celos del niño se suman a los de la madre y esto hace
que el vínculo emocional con el padre sea casi imposible de reconocer.
La relación se destruye, y el niño, que ya ha crecido, dice "Oh,
no he visto apenas a mi padre desde el divorcio. Tengo poco que
ver con él. Le veo de vez en cuando, pero no tenemos una verdadera
relación". Todos los sentimientos positivos de amor han sido enterrados,
porque no sabemos enfrentarnos bien a las lealtades divididas. Los
suprimimos porque tenemos que sobrevivir psicológicamente; y tenemos
que vivir con nuestra madre.
Si hay planetas
en la Cuarta que sugieran amor e idealización, y los padres se separan,
los sentimientos reprimidos hacia el padre pueden alimentar posteriores
triángulos. Esto es aplicable a ambos sexos. No debería sorprendernos
que una mujer que provenga de este tipo de entorno familiar, con
este tipo de configuración de carta, acabe jugando a ser Instrumento
de Traición y se arroje en brazos de un hombre casado. Igualmente,
puede encontrarse siendo la traicionada, casada con alguien igual
que su padre. O puede convertirse en la Traidora como una defensa,
porque ha decidido no acabar como su madre. Un hombre con el mismo
entorno y carta natal puede acabar eligiendo inconscientemente a
una mujer como su madre y entonces, ante su horror, encontrarse
a sí mismo en los zapatos de su padre. Un triángulo puede ser inevitable
porque cuanto más inconscientes sean los sentimientos hacia el padre
amado y perdido, más posibilidades habrá de que emerjan posteriormente
en una relación adulta.
Estos sentimientos
inconscientes pueden también cruzar sexos. No se limitan necesariamente
a mujeres que buscan al padre perdido en otros hombre, u hombres
que se encuentran en la misma situación que sus padres. Un hombre
que haya perdido a su padre y que tenga a Venus, a Neptuno o a la
Luna en la Cuarta, puede buscar las cualidades del padre en las
mujeres. O si es gay, puede buscarlas en otro hombre. Necesitamos
pensar en estas dinámicas no desde una perspectiva de rígidas demarcaciones
sexuales, sino como una manera de intentar sanar una herida. También,
reflejan nuestros esfuerzos para contactar con cualidades arquetípicas
en nuestras relaciones adultas, cualidades que primeramente vislumbramos
en uno de nuestros padres y que, en última instancia, necesitamos
encontrar en nosotros mismos. Puesto que cargamos con algo no resuelto
y sin sanar, podemos recrear fielmente el matrimonio de nuestros
padres. Entonces nos encontraremos en el mismo triángulo, en cualquiera
de las tres partes, con uno o ambos sexos. Estas dinámicas subyacentes
parecen muy obvias cuando empezamos a pensar en ellas. La dificultad
radica en pensar sobre ellas cuando estamos en medio del triángulo.
Es muy fácil si somos el astrólogo o en psicoterapeuta imparcial
- si es que existe realmente algo como una persona totalmente objetiva-
o incluso el amigo con una cierto nivel de conocimiento psicológico.
Podemos ver claramente las raíces familiares de muchos triángulos
adultos si somos observadores, pero es extremadamente difícil de
ver cuando estamos envueltos en ellos. Y cuando más inconscientes
seamos de las dinámicas relativas a nuestros padres, más posibilidades
tiene el triángulo de ser emocionalmente compulsivo, y más difícil
será verlo claramente.
Aunque lo veamos,
estaremos limitados, porque tenemos que experimentar algo. No podemos
sanar nada solamente mediante el ejercicio de la razón. Pero las
emociones que el triángulo lleva a la superficie pueden cambiar,
y el resultado puede ser muy diferente, si no externamente, sí internamente.
Lo triste acerca de los triángulos es que todo el mundo pierde.
Tarde o temprano, en un nivel o en otro, las tres personas resultarán
heridas. Mismo si el Instrumento de la Traición tiene éxito al romper
una relación ya existente y "consigue" al objeto amoroso por el
que ha estado luchando, se trata de una victoria pírrica. El Traidor
tiene que elegir al final, y aunque algo haya ganado, también ha
perdido algo. Y la victoria no es menos pírrica para el Traicionado
que consigue "traer de vuelta" a la pareja infiel. Hemos experimentado
nuestro poder Edípico e invertido la derrota Edípica original que
sufrimos en la infancia. Pero ¿qué es lo que realmente hemos ganado,
y con lo que vamos a vivir después? El resentimiento parece inevitable,
no importa qué lugar del triángulo ocupemos. Si somos el Instrumento
de la Traición, hemos conducido a alguien a tener que tomar una
decisión dolorosa y, a menudo habrá un montón de sufrimiento, no
sólo emocional, sino también financiero, y además habrá resentimiento.
Pero todavía es más importante el hecho de que, si permanecemos
inconscientes, no hemos hecho nada para sanar la escisión interna
que subyace bajo el triángulo. Sólo hemos conseguido una solución
externa. Nada ha cambiado realmente.
Inseguridades que generan triángulos
- Saturno y Quirón
Hay otra consecuencia
de los triángulos familiares, la alineación potencial entre uno
mismo y otros del mismo sexo. Una batalla Edípica sin resolver puede
acarrear una pérdida de confianza en la propia sexualidad. Si se
produjo una situación de intensa rivalidad y competitividad con
el padre del mismo sexo, inevitablemente tendrá sus efectos sobre
nuestras amistades y la manera en la que interactuamos posteriormente
con nuestro propio sexo. Si una mujer tiene una madre que es una
rival insuperable, y en cuyas manos ha sufrido una derrota dolorosa
y humillante durante la infancia, la confianza en su feminidad puede
verse deteriorada. Y puesto que no confía en sí misma, tampoco confiará
en otras mujeres. Todas ellas parecerán tener el poder de "llevarse"
a aquellos que ama. Esta desconfianza hacia el propio sexo puede
ser muy aguda. Una mujer puede tener una maravillosa amistad con
otra mujer, y entonces conoce a un hombre realmente adorable y mantienen
una relación y ¿qué es lo que ella hará a la hora de presentar su
pareja a su amiga? El trasfondo de ansiedad y sospecha puede dificultar
mucho las cosas e, inconscientemente, ella puede prepararse para
la traición. Puede que seleccione inconscientemente como amigas
a aquellas que actúan sus conflictos no resueltos con su madre,
porque tienen conflictos no resueltos con sus madres. Lo mismo se
puede aplicar a los hombres. Si un hombre ha experimentado una situación
de competitividad destructiva con su padre, entonces en cualquier
relación posterior en la que se involucre, el sentimiento de rivalidad
siempre va a levantar cabeza, porque otros hombre siempre parecerán
rivales potenciales. Uno debe permanecer en guardia todo el tiempo.
Esto no es posesividad en el sentido ordinario de la palabra. Sus
raíces son bastante diferentes.
Los emplazamientos
en los que Venus está aspectando a Saturno o a Quirón pueden contribuir
a esta dinámica, no porque sean Edípicos en sí mismos, sino porque
reflejan ciertas inseguridades acrecentadas por el triángulo familiar.
Marte aspectando a Saturno y a Quirón pueden reflejar también profundas
inseguridades sexuales que han sido agravadas por triángulos familiares
conducen a sentimientos de derrota. Este tipo de aspectos pueden
impulsar posteriormente a la repetición del fracaso, o a un intentdo
de sanar la herida demostrando la propia potencia sexual mediante
triángulos. No hay una única pauta astrológica que describa la propensión
a los triángulos, pero hay bastantes combinaciones diferentes que
pueden describir distintas imágenes y respuestas de los padres,
y diferentes maneras de reaccionar a la natural e inevitable fase
Edípica de la infancia. Venus-Saturno y Venus-Chirón no provocan
que una persona se sienta atraída por los triángulos, pero describe
una conciencia profunda e innata de los límites humanos que, en
la infancia, cuando no existe una comprensión real de lo que esto
podría ofrecer de un sentido positivo, puede hacer que el niño se
sienta inadecuado y herido. La pérdida o alineación de un padre
amado se atribuirá al propio fracaso, y más tarde en la vida uno
puede sentir que no puede "mantener" una pareja porque siempre habrá
un rival que le apartará de su lado.
Las experiencias
Edípicas a menudo aparecen como un estallido hacia la mitad de la
vida, porque los planetas están efectuando sus ciclos en esa época
- Saturno, Neptuno y Urano- pueden desencadenar configuraciones
que nos conectan con problemas de la infancia. Hay una gran cantidad
de vida no vivida implorando expresarse bajo el grupo de planetas
que transitan durante este tiempo, y los triángulos familiares sin
resolver que han conseguido permanecer enterrados pueden estallar
porque están cargando con vida psíquica no vivida. Pero depende
de lo poderoso que sea el conflicto. Puede salir a la luz mucho
más tarde. Hay personas que experimentan triángulos desde sus primeras
relaciones. No todos los triángulos tienen raíces en los padres,
y estas raíces implican también algo más profundo. Podemos imaginar
qué podría ser más profundo que la dinámica Edípica, pero según
se cree Jung dijo una vez que incluso el pene era un símbolo fálico.
Si existe una pauta familiar sin resolver, como los temas Venusinos
que hemos estado analizando, ahora es una buena oportunidad para
irrumpir en la vida exterior de una persona bajo los tránsitos apropiados.
Para algunas personas, esa es la única manera posible de sanar o
resolver. Pero detrás del problema de los padres está el problema
arquetípico - ¿por qué buscamos el amor de uno de los nuestros padres
en particular, y que simboliza el padre para nuestra propia alma?
Esto va inevitablemente unido a lo que necesitamos desarrollar en
nosotros mismos - nuestro propio destino.
Hacia la mitad
de nuestra vida, si existen pedazos importantes de nosotros mismos
que no se han desarrollado, aparecerán de repente, especialmente
bajo la oposición de Urano a su lugar natal. Y a menudo, el primer
lugar en el que nos encontramos estos trozos ocultos de nosotros
mismos es en otra persona. Es la forma más característica en la
que la psique llama a la puerta y pide integración. Esta necesidad
de convertirse en algo más de lo que uno realmente es puede comenzar
con una súbita atracción. Los trozos no vividos de nosotros mismos
pueden aparecer también en un rival. Sorprendentemente, el rival
puede ser más importante a nivel psicológico que la persona contra
la cual uno está luchando. Pero si no ha habido patrones de triángulos
anteriormente, la erupción de uno en la mitad de la vida no implica
necesariamente un problema de familia no resuelto. Y en el caso
de que así fuera, el problema tiene que ser analizado en un contexto
más amplio.
Triángulos que implacan vida no vivida
Llegamos ahora
a la cuestión de lo que realmente podría subyacer bajo la dinámica
de los triángulos - bajo los patrones, defensas y luchas de poder
relacionadas con los padres, así como otras razones aparentemente
"causales" de que los triángulos aparezcan en nuestras vidas. Creo
que hay siempre un elemento de vida
no vivida en todo triángulo, y por varias razones a veces parece
que seamos incapaces de descubrir esa vida no vivida si no es mediante
el extremo stress emocional que los triángulos generan. La traición
es una experiencia arquetípica que constituye nuestro principal
instrumento de maduración. Esto no significa que todos necesitemos
convertirnos en cínicos amargados. pero hay algo importante en reconocer
cómo nuestras fantasías de lo que consideramos deberían ser la vida
y el amor nos evita crecer y convertirnos en auténticos miembros
de la familia humana.
La traición es
el medio mediante el cual se puncionan y se reconocen estas fantasías.
Intentamos incluirnos a nosotros y a otras personas en nuestro mundo
de fantasía para compensar el dolor de la infancia. Puesto que todas
las infancias son dolorosas, los razonamientos ingenuos que llevamos
encima también son arquetípicos, y reflejan un mundo infantil alternativo
que recuerda al Edén en su inocencia y en el estado de fusión con
el padre divino. La serpiente en el Jardín es una imagen de este
papel arquetípico de traición, que es inherente al estado de inocencia
y tarde o temprano emerge para destruir nuestra fusión.
No hay ninguna
fórmula para enfrentarse al dolor de la traición. Pero una perspectiva
arquetípica puede ayudarnos a ver las cosas de otra manera, aunque
no podemos hacer que el dolor desaparezca mediante la explicación
o la imaginación. No hay remedio para este tipo de dolor. Pero hay
una diferencia entre el dolor ciego y el dolor que va acompañado
de entendimiento. Este último tiene un efecto transformador. Cuando
no hay consciencia, los triángulos tienden a repetirse a sí mismos
- diferentes personajes, un mismo guión. Algunos triángulos son
realmente transformadores. Acaban con un viejo patrón de conducta,
y la nueva relación es genuinamente mucho más feliz y más satisfactoria.
O el triángulo sirve al propósito de liberar energía, liberar potenciales
internos, e incluso si la antigua relación se restablece, o se acaba
por no estar con ninguna de las partes, todo ha cambiado. Pero seguimos
siendo nosotros mismos, y por mucho que intentemos reorganizar nuestra
vida exterior, si un problema interno no ha sido resuelto, las mismas
pautas de conducta empezarán a emerger en la nueva relación. La
compatibilidad puede ser más grande con otra pareja, pero uno todavía
debe tratar con su propia psique.
Un triángulo puede
ser como un gran trígono en una carta. La energía circula sin parar;
vuelve sobre sí misma y no alimenta otra cosa en la vida de uno.
Dentro de los triángulos, las tres personas tienden a proyectar
elementos de sí mismos sobre el otro. El triángulo mantiene estás
proyecciones en su lugar, y puede haber una fuerte resistencia al
cambio. Incluso podríamos decir que el triángulo se forma porque
hay una resistencia a cambiar, así que cualquier cosa que esté buscando
expresión desde dentro va a volver a casa de nuevo. La energía psíquica
se libera, ya sea a través de la muerte o de la renuncia voluntaria
a una persona. El tiempo de todo esto no es accidental. En una o
dos o incluso tres de las partes, los problemas inconscientes han
llegado finalmente a un punto desde el cual pueden ser integrados,
incluso si esto se expresa simplemente dejándolo ir. En el momento
en que empecemos a hacer esto, las proyecciones empiezan a volverse
conscientes. No creo que el verdadero perdón pueda llegar de otra
manera. Es un tipo de gracia. No puede ser creado mediante un acto
de voluntad. Es muy triste oír decir al traicionado "Te perdono",
no porque lo sienta realmente, sino para hacer que la pareja vuelva.
En el fondo no hay perdón en absoluto - aunque esto no sea enteramente
consciente- y el castigo puede seguir. El perdón sólo puede venir
de un reconocimiento de la propia complicidad dentro del triángulo
-cualquiera que sea el papel de uno- y la aceptación de las propias
proyecciones. Antes de eso, el perdón no es realmente posible. Sólo
parece emerger de algo que ha sido genuinamente integrado en uno
mismo. El proceso total es transformador. No podemos manufacturar
el perdón si hemos sido traicionados - ni podemos fabricarlo para
nosotros si somos los traidores. Lo único que podemos hacer es trabajar
para integrar lo que pertenece a nuestra propia alma.
En el caso de el
padre Saturnino que rechaza, y luego aparece en el triángulo como
una pareja fría que rechaza, esto puede tener algo que ver con su
propia necesidad de establecer límites. Si observamos esta experiencia
fundamentalmente Saturnina desde una perspectiva más objetiva, ¿qué
es rechazo al final, excepto otra persona dibujando límites que
consideramos intolerables? Puede ser nuestra propia falta de límites
lo que nos atraiga a un triángulo donde somos los traicionados,
rechazados por una pareja Saturnina que dice "No puedo soportar
esta claustrofobia emocional. Quiero separarme". O podemos ser los
traicionados, saltando de una pareja cuyas necesidades emocionales
parecen opresivas pero que secretamente reflejan nuestra propia
incapacidad para hacerle frente a la soledad. Las duras y dolorosas
lecciones que vienen de este tipo de experiencias son lecciones
acerca de lo que no se ha desarrollado en nosotros. Pero quizá tengamos
que descubrir nuestras pasiones primarias si Plutón está en al Décima
o en la Cuarta. Podemos desvincularnos de esto al principio, y decir
"Mi madre era terriblemente manipuladora" o "Mi padre era tan controlador".
¿Por qué las personas se vuelven manipuladoras y controladoras?
Si alguien está expresando las cualidades plutonianas en una relación,
no lo hace porque sea divertido; lo hace porque la relación se equipara
con la supervivencia, y hay una necesidad desesperada de asegurarse
de que el amado permanece cerca. Plutón se moviliza cuando uno se
siente amenazado. La gente se vuelve manipuladora porque están aterrorizados
de perder al objeto de su amor. Ese objeto amoroso constituye su
supervivencia, y la manipulación parece el único camino posible
para asegurar la continuidad de la relación. Todos somos capaces
de esto, si nos dan el nivel adecuado de compromiso y el nivel adecuado
de amenaza. Si negamos estos atributos plutonianos y los mantenemos
firmemente proyectados sobre el padre, Plutón puede convertirse
en un triángulo. Entonces nosotros mismos tenemos que descubrir
cuan posesivos podemos llegar a ser. O bien conseguimos una pareja
profundamente posesiva. Podemos llegar tan lejos como para decir
"Ah, sí, he elegido a alguien igual que mi madre/padre". Esa es
una pieza útil de introspección, pero es sólo el comienzo. Esta
cualidad posesiva en el padre está descrita por nuestro Plutón en
casa Cuatro o en Diez. Todavía debemos descubrirla en nosotros mismos.
A menudo sólo descubrimos que tenemos a Plutón mediante la experiencia
de la traición. Es sólo un espacio en blanco en la carta hasta que
el triángulo lo desentierra, entonces de pronto encontramos a nuestro
Plutón por primera vez. Descubrimos que sentimos apasionadamente,
que necesitamos intensamente, que la desesperación puede hacernos
traidores y manipuladores, y que el control puede parecer la única
forma de sobrevivir. Este proceso de autodescubrimiento puede ser
una experiencia aterradora y humillantes, pero nos permite llegar
a ser lo que realmente somos.
La integración
psíquica es la teología de los todos los triángulos. Incluso si
los planetas exteriores están involucrados en triángulos relacionados
con los padres, aquello a lo que estamos vinculados tan profundamente
en el padre es verdaderamente algo que pertenece a nuestra propia
alma. Este "algo" puede significar nuestro tramo final más allá
de los límites personales y puede permitirnos un mayor y más profundo
nivel de realidad en nuestras vidas, sin embargo está conectado
con nuestro propio viaje vital. Cuando vemos símbolos astrológicos
que primero experimentamos a través de los padres y más adelante
a través de los triángulos en los que la misma experiencia se repite
a sí misma, hay algo dentro de nosotros que necesita ser vivido,
y seguirá volviendo hasta que encontremos un modo de vivirlo. Los
planetas con rasgos distintivos relacionados con los padres en la
carta no sólo describen estas pautas. Describen dimensiones no vividas
de nosotros, especialmente cuando están en conflicto con el resto
de la carta. Incluso si el padre encarna al planeta de una forma
creativa, sigue siendo nuestro planeta, y pertenece a nuestro propio
destino. Un planeta en la Cuarta o la Décima, o en mayor aspecto
con el Sol o la Luna, puede no ser representado por el padre, pero
puede ser parte de lo que experimentamos a través del padre. Si
el padre no ha vivido creativamente el patrón arquetípico simbolizado
por el planeta, es más difícil de comprender lo que estamos haciendo.
Y por este motivo podemos no darnos cuenta de lo que nos encontramos
a través del triángulo que aparece más adelante en nuestra vida.
No es solamente un complejo inacabado, aunque ese elemento puede
ser importante de explorar. Es, en última instancia, el propio planeta
de uno, y por ello algo que pertenece al propio alma. Es parte de
nuestra herencia Psicológica, pero tenemos que pulirlo. Incluso
los triángulos que aparecen como abiertamente Edípicos también tienen
que ver con nuestra propia vida interna, porque lo que amamos u
odiamos en el padre es algo que nos pertenece a nosotros. Pero tenemos
que encontrar nuestra propia forma de vivirlo.
© Liz Greene, Apollon / Astrodienst
AG
Traducción al Español:
Beatriz Alicia Gomez Medina
Disponible
en el libro:
Liz Greene:
Relationships and how to survive them.
Primer Parte: La carta compuesta,
Segunda parte: El eterno triángulo
CPA Press, London.
Puede encargar este libro
(inglés) en:
www.midheavenbooks.com
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